Lugar:
Museo de Cáceres, Plaza de las Veletas, 1, Cáceres
Fecha:
Del 1 al 30 de Julio de 2009
Valoración usuari@s:
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José Amador comenzó su formación artística con 12 años en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz, al mismo tiempo que recibía clases particulares de Dibujo y Pintura de Adelardo Covarsí, que con el tiempo se convirtió en un gran amigo. Años más tarde ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, donde acudió a las clases que impartía Gonzalo Bilbao y, posteriormente, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.
A los trece años fue ya premiado en una exposición organizada por la Congregación de los Luises de Badajoz. Y participó en todas las exposiciones regionales que se celebraron entre 1920 y 1940. En la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 fue galardonado con Diploma de Honor y Medalla de Bronce por su obra Pastorcillo extremeño, la cual gustó mucho al monarca Alfonso XIII en su visita al Pabellón Extremeño, donde Amador exponía junto a otros pintores extremeños notables.
Dentro de su pintura, la figura humana se convierte en la protagonista absoluta, ya que el paisaje y el bodegón constituyen capítulos menores en su producción. Amador trabajó sobre todo el retrato, en su mayoría encargos de una clientela acomodada, tanto de Madrid, donde residió en la etapa final de su vida, como de Badajoz, donde mantuvo una fiel e importante clientela dentro de la burguesía pudiente de la época, que lo solicitaban principalmente como retratista. También realizó numerosos retratos de sus familiares y de niños y jóvenes de Talavera la Real. Según el propio artista, el retrato “era lo que más me apasionaba”. En todos los casos, Amador conseguía una completa captación física y psicológica del retratado que le convierte en uno de los mejores retratistas extremeños. Con gran realismo lograba plasmar la personalidad del retratado mostrando sus rasgos más íntimos y definitorios.
Aunque en la mayoría de sus retratos, el artista utiliza un fondo neutro, en “Reciedumbre extremeña” tras la figura masculina se abre un paisaje que muestra una llanura con una línea de horizonte muy baja, destacando sobre todo las tonalidades azules y añiles del cielo, que recuerda a los paisajes de su maestro y amigo Covarsí. El personaje es un campesino, con camisa blanca y boina marrón, con los brazos apoyados sobre un bastón de madera. Destacan las arrugas y marcas de su cara, resultado del trabajo en el campo, así como la rudeza de sus manos.
La obra fue adquirida por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura y depositada en el Museo de Cáceres en febrero de 2009, para formar parte de los fondos de la Sección de Bellas Artes.
Esta formación oficial se completaba con la práctica, muy habitual para los artistas, de copias de grandes maestros en el Museo del Prado y en el Museo Nacional de Arte Moderno, entre otras, obras de Velázquez, Rubens, Madrazo y Tiziano.
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